huracán
bajo, hago la vuelta del demonio en mis esquinas. quemo, bebo todo lo que sale de la boca de los perros y creo que sigo brillando en el bosque del sur de chile.
una endémica sensación que solo provoca el más furioso huracán con su ojo preciso y destructor que envuelve y envuelve, cada vez con más insistencia hasta declinar luego del placer de concretar la ruta...
diez sentidos ahora, todo está dividido...
yo, una mujer anhelante.
todo, un incendio aroma a gusanos y pestes...
no logra ni tocarme el sistema.
mis pupilas miran otros planetas...

